
Hay nombres en el fútbol colombiano que no necesitan presentación. Vos los escuchás y ya sabés que viene goleada, historia y un tufillo a nostalgia que huele a estadio lleno y radio prendida los domingos en la tarde. Uno de esos nombres, de esos que abren cualquier conversación futbolera, es el de Iván René Valenciano, el eterno “Bombardero”. Pero… ¿qué tuvo este man para que todavía lo mencionen con respeto, cariño y, a veces, hasta con miedo? 🤔🔥
La historia empieza en Barranquilla, porque claro, ¿de dónde más iba a salir un delantero tan bravo? Valenciano nació el 18 de marzo de 1972, y desde peladito ya caminaba distinto: no era el más flaco, no era el más rápido, pero tenía un olfato de gol que no se compra, no se entrena… se nace con él. Es ese sexto sentido que te avisa dónde va a caer la pelota antes de que el defensa siquiera termine de rezar.
Pero calmate, que esta película va subiendo de intensidad. Porque antes de convertirse en mito, Valenciano fue simplemente un pela’o costeño con sueños gigantes y un balón bajo el brazo. Y mientras la mayoría de talentos de barrio se quedan en la esquina, él se metió al Junior y ahí empezó a escribir su destino.
⚽ El despertar del Bombardero
Junior lo vio crecer y lo vio romperla. Y cuando digo romperla, es romperla de verdad: goles con la derecha, con la zurda, de cabeza, de rebote, de empujadita… ¡como vinieran! En una época donde la defensa sí te pegaba sin pedir permiso, Iván René dominó el área como si fuera su casa.
No tenía la pinta del delantero europeo moderno, pero tenía algo mucho más importante: frialdad absoluta frente al arco. Una frialdad que, en el Metropolitano, se volvió religión.
Y fue ahí, en ese Junior inolvidable de los 90, donde se ganó el apodo que lo acompañaría por el resto de su vida: El Bombardero. Porque cada vez que levantaba la cabeza, había pólvora. Y cada vez que tocaba la pelota en el área, había fiesta.

🏆 Un goleador que hizo historia
Pero hablá de cifras, parce, porque aquí es donde se ponen los pelos de punta. Y son datos reales, comprobados, de archivo fino:
- 217 goles en el Fútbol Profesional Colombiano, lo que lo convierte en el segundo máximo goleador histórico del país.
- Más de 270 goles en toda su carrera, sumando clubes y Selección.
- Campeón con Junior en 1993 y 1995, siendo protagonista absoluto.
- Goleador en varias temporadas del FPC, incluyendo un récord de 30 goles en 1991, una marca que aún se recuerda.
Y sí, antes de que lo preguntés, también tuvo su aventura internacional. En 1992, cuando pocos colombianos pisaban Europa, Valenciano fichó por Atalanta (Italia). Fue un paso cortico, apenas 5 partidos, sin goles, marcado por problemas de adaptación y físico… pero igual fue histórico: un costeño de 20 años jugando en la Serie A cuando nadie se atrevía. No funcionó, pero tampoco borra lo que hizo después.

Porque cuando volvió, volvió con hambre. Y el Bombardero que regresó a Barranquilla era una máquina más afilada que nunca.
🇨🇴 La Selección también sintió su poder
Con la Selección Colombia tampoco pasó desapercibido. No fue la figura absoluta de su generación, pero cada vez que entraba, entraba a lo que sabía: a romper redes. Sus goles en Eliminatorias fueron importantes, y su presencia en la era dorada de los 90 lo dejó marcado en la memoria colectiva.
🎙️ Después del gol, vino el micrófono
Cuando colgó los guayos, muchos pensaron que ahí se acababa su historia. Pero no. Valenciano volvió a reinventarse, como solo los duros pueden hacerlo. Se metió al mundo del comentario deportivo, y con ese estilo frontal, sin filtro y cero diplomático, se convirtió en una de las voces más reconocibles de la TV colombiana. A veces polémico, a veces amado, a veces criticado… pero siempre auténtico.
Y es que Valenciano es eso: autenticidad pura. Nunca intentó caerle bien a todo el mundo, nunca pretendió ser otro. Él fue, es y será el Bombardero. El hombre que convirtió el área en su reino y que, a punta de goles, se ganó un lugar en esa lista exclusiva de leyendas del fútbol colombiano.
❤️🔥 ¿Por qué es tan importante Iván René Valenciano?
Porque es un símbolo.
Un recordatorio de que el talento, cuando se junta con el carácter, puede construir legado.
Porque demuestra que no se necesita ser perfecto para ser histórico.
Porque representa una época, un estilo, una nostalgia que todavía vibra en las gradas.
Y sobre todo, porque donde otros veían un delantero normalito, él veía un arco gigante y un balón que le suplicaba que lo mandara a guardar.
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