
Si uno se pone serio —pero serio de verdad— a hablar de talento puro en el FPC, tarde o temprano termina cayendo en el mismo nombre: Macnelly Torres. Y no porque sea moda mencionarlo, no porque sea un meme nostalgia, no porque lo repitieran tantos hinchas del Cúcuta, Colo-Colo o Nacional… sino porque lo suyo fue tan distinto que uno siente la obligación moral de contarlo bien.
Así que póngase cómodo, que esto va de menos a más. Como jugaba él. 😏⚽
Al principio, cuando vos lo veías en la cancha, parecía que no estaba haciendo “mucho”. Caminaba suave, miraba todo con esos ojos de jugador que ya vio el partido dos minutos antes que todos, se acomodaba la media, levantaba la cabeza… y pum, aparecía el pase que partía una defensa en dos. Ese tipo de pases que uno solo ve en repeticiones de Champions pero que él tiraba un domingo cualquiera en Barranquilla, en Cúcuta o en Medellín.
Sí, así arrancaba la película de Mac10, el crack silencioso.
De Barranquilla al país entero: nace el arquitecto
Macnelly Torres nació el 1 de noviembre de 1984 en Barranquilla, un lugar donde el fútbol se siente más que se piensa. Debutó en el Junior en 2002, cuando todavía andaba con cara de pelao bueno que pide permiso para entrar a un camerino lleno de veteranos. Pero desde ese año, y más aún hacia 2004, ya había un murmullo raro en el ambiente: “ese niño juega distinto”.
No era velocidad, no era fuerza, no era desborde. Era cerebro. Y un toque limpio como pocos.
Pero el verdadero estallido llegó cuando en 2006 dio el salto al Cúcuta Deportivo. Ahí sí que explotó todo. Ese equipo, dirigido por Jorge Luis Pinto, puso a medio continente a mirarlo. Y no por casualidad:
- Campeón del Finalización 2006.
- Semifinalista de la Copa Libertadores 2007, eliminando a gigantes y jugando con una personalidad absurda.

El Cúcuta de ese año tenía jugadores enormes, pero su cerebro era uno solo. Esa Libertadores lo puso en el mapa grande: Sudamérica entera se enteró de que había un 10 colombiano que no hacía ruido, pero sí hacía daño.
Colo-Colo: donde Macnelly se volvió “Mac10”
Si algo tienen los chilenos, es que no aplauden por aplaudir. Y aun así, cuando Macnelly llegó al Colo-Colo en 2007, la hinchada alba decidió adoptarlo como si fuera suyo desde el día uno. El tipo aterrizó en Santiago y la rompió como si ya conociera la cancha.
- Fue campeón del Clausura 2007.
- Se metió a la gente al bolsillo en tiempo récord.
- Y su fútbol, preciso y elegante, lo volvió ídolo extranjero.
Allá lo bautizaron con uno de los apodos más acertados que se hayan inventado:
“El Arquitecto.”
Porque eso hacía: diseñaba, ordenaba, construía el camino del gol.
Atlético Nacional: la consagración
Era cuestión de tiempo para que uno de los gigantes del FPC dijera “esto es mío”.
Y en 2011, Atlético Nacional puso sobre la mesa lo que había que poner. En Medellín, Macnelly no solo brilló: se volvió un jugador determinante para la identidad del club.
En su palmarés verdolaga quedaron:
- Liga 2013-I
- Liga 2014-I
- Liga 2015-I
- Copa Colombia 2012
- Superliga 2012
Y aunque no jugó la final de la Copa Libertadores 2016, sí fue parte fundamental del proceso y de la construcción futbolística que llevó a ese equipo de Reinaldo Rueda a tocar la gloria continental.
Su sociedad con Alex Mejía, Sherman Cárdenas, Berrío y compañía fue puro fútbol champagne. 🍾💚
Macnelly en Nacional representó algo que muy pocos jugadores logran:
👉 Ser el equilibrio entre el talento y la inteligencia deportiva.
Ese tipo de futbolistas que no gritan, pero que mandan.

Selección Colombia: el de los minutos justos
Con la Selección Colombia jugó 48 partidos, marcó 4 goles y fue parte del proceso para el Mundial 2014. No tuvo el protagonismo que muchos esperaban —porque competencia había, y mucha—, pero cada vez que Pékerman necesitaba pausa, control y un pase que rompiera algo… ahí entraba Macnelly.
No fue el más titular, no fue el más mediático, pero sí fue el más pensante.
El que sabía cuándo acelerar y cuándo calmar. El que entendía el partido como si ya lo hubiera leído antes.
¿Qué hacía tan especial a Macnelly?
Esto es fácil de explicar y difícil de replicar:
- No corría: hacía que los demás corrieran.
- No se desgastaba: se ubicaba perfecto.
- No hacía amagues innecesarios: te mataba con una pausa.
- No buscaba cámara: buscaba fútbol.
Macnelly tenía esa cosa que solo tienen los elegidos:
👉 La sensación de que nunca estaba apurado.
Y en un fútbol que cada vez exige más velocidad, él fue la demostración viviente de que el talento no necesita correr.
El adiós: un crack sin escándalos
Tras pasar por Arabia Saudita, volver a Junior, pasar por Alianza Lima y cerrar en el Deportes Tolima, Macnelly dejó el fútbol profesional en 2021. Se fue como llegó: tranquilo, sin ruido, sin frases polémicas, sin esa necesidad absurda de demostrar nada.
Hoy su nombre está en ese pedestal de los jugadores que marcaron una época sin ser mainstream, sin ser portada todos los días, sin levantar humo…
Solo levantando fútbol.
El desenlace: un crack que jugó a otro ritmo
La curva narrativa de su carrera es la misma que la de su juego: empieza suave, te va envolviendo, te va acomodando… y cuando llega el punto cumbre, te deja claro que estás frente a un jugador que entendió el fútbol mejor que la mayoría.
Macnelly Torres no fue “uno más”.
Fue un 10 distinto, un arquitecto, un tipo que convirtió la pausa en una obra de arte.

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